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Docencia e Investigación

X Jornadas de La Red de la EOL
EnREDos de los femenino
Consecuencias en la práctica

Enredos de lo femenino
Alejandra Glaze

Parto de dos frases de dos testimonios de Ana Lydia Santiago ("Separarse del mito: el duelo por el objeto de amor"): "En consonancia con la clásica tríada de la clínica analítica "Inhibición, síntoma y angustia", comprobé que el síntoma se manifiesta en forma de cólera y celos, afectos insensatos para quien, desde la infancia, intentaba identificarse con una niña modelo", y que en un segundo testimonio, "Flechazo", reafirma del siguiente modo: "efectos contradictorios para una niña que quiere ser una niña modelo y alcanzar el bien decir".

¿Qué es un Modelo? Un TODO, un modo de hacer masa a la manera freudiana, lo mismo y la serie, pero que no puede ser pensado sin su contrapartida de fracaso que se añade como malestar. Un "para todos" que produce el colectivo imaginario del nosotros.

El modelo, al decir de Lacan (Seminario XXII), "por ser hecho de escritura, se sitúa en lo imaginario", fundando consistencia. Apelan a lo universal y promueven los particularismos. Por ejemplo, las niñas modelos del siglo XIX.

Imágenes que engañan y seducen, discursos que comandan lo que la relación sexual debe ser, semblantes, artificios, hechos culturales. Pero siempre que hay un modelo, hay síntoma, ya que el sujeto fracasa en el intento de estar a la altura de ese modelo.

Primado del Otro, articulación de lo real que reprime la falta de relación sexual, donde la neurosis hace su esfuerzo por hacerla existir.

Miller se pregunta por la existencia hoy en día de estas niñas modelo, para terminar diciendo que pueden existir, así como las madres modelo, pero no las mujeres modelo. No hay La Mujer.

Pero también destaca su sorpresa al encontrar una niña modelo en el marco de un Congreso acerca del desorden de lo simbólico en el siglo XXI, y destaca una referencia al Seminario 19 que queda como enigmática.

Lacan enfatiza allí que no hay repetición primera, no hay posibilidad de identificación imaginaria sin su falla. Para el ser hablante, "nada más fácil que reproducir naturalmente, su semejante, o su tipo" (niña modelo).

La niña modelo es un modelo de lo que significa la represión en la neurosis, el saber sobre el goce que queda al margen de la civilización y retorna como malestar.

Pero en el Seminario 19 Lacan nos presenta a un amo up to date en relación a lo que llama su progenitura, las niñas modelo-modelo.

¿Podemos pensarlo a ese amo up to date como el amo que ordena gozar en nuestra época? Que el Otro no existe quiere decir que el Uno es el que existe, explicando así el surgimiento de nuevos amos, más consistentes y dispuestos a barrer con la diferencia.

Esta niña modelo-modelo es ilustrada por Miller al referirse a la anorexia como nuevo modelo de la época, ligada al goce y no al Ideal que esconde un goce. Pero en esa misma clase Lacan aclara: "no todas son Modelo-modelo", "y esto hace época", enfatizando ese desplazamiento al lado femenino. En este sentido, ¿cómo definir lo contemporáneo? Solo partiendo de la imposibilidad de compartir un sufrimiento común, lo que no permite un nosotros sobre la base de una cosmovisión, una ideología política o aquello definido por una posición fantasmática.

Laurent dice que "Las mujeres son quienes quieren mantener su particularidad sin la identificación al todo fálico". Podemos agregar que lo femenino llama a vivir la pulsión de manera singular, no convocando al afán clasificatorio, ni la serie, ni los universales, ni los grandes Ideales. Tendrá más que ver con los cuerpos y su goce, que con la ideología o con la encarnación de un significante amo, con la consecuencia del colapso del régimen del Otro. Ya no se trata de lo que el objeto te hará ser, sino del establecimiento de los particularismos de goce, donde muchas veces el cuerpo "ya no obedece" a esas premisas identificatorias (citando al Lacan del Seminario 16), sino a los cuerpos liberados a su propio goce solitario.

Un goce que se revela en la niña modelo que es Ana Lydia, produciéndose como su reverso, la cólera y los celos; de arrebatada a arrebatadora; de la madre buena y sacrificada, a la furia del amor, al tiro de fusil, al flechazo, pero ya no del amor, sino de aquel que indica el sonido de un destino de muerte para el sujeto, si sigue conducida por aquello que la determina.

Es el trabajo del análisis, orientado por un analista que va más allá del padre, el que puede separar a Ana Lydia de ese modelo-destino que implicaba el sacrificio al amor del Otro, recubriendo su propia dimensión gozante, aquello que toma cuerpo desde lo pulsional.