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Docencia e Investigación

X Jornadas de La Red de la EOL
EnREDos de los femenino
Consecuencias en la práctica

Enredos de lo femenino
Ana Ruth Najles

Voy a comenzar con una diferenciación central en la conceptualización de la femineidad en la enseñanza de Jacques Lacan. Se trata de la diferencia entre goce femenino y posición femenina que Lacan va persiguiendo a lo largo de toda su enseñanza -a partir de la diferencia entre madre y mujer- y sobre todo en el momento en que escribe el texto de "Ideas directrices para un congreso sobre la sexualidad femenina". Ese es un punto de basta que le permite retroactuar sobre lo anterior y avanzará hacia el otro punto de basta que es el Seminario 20, Encore, donde situará con precisión esta diferencia en el así llamado teorema de la sexuación.

La ultimísima enseñanza de Jacques Lacan nos enseña que si no nos orientamos por lo real del goce nos perdemos en los espejismos que lo imaginario nos ofrece.

Teniendo esto en cuenta, tomaré el goce femenino como cuestión preliminar para situar la diferencia entre madre/histeria y mujer/posición femenina.

Ya que el goce femenino es lo que le permite a Lacan, a partir del Seminario 20, situar al goce como tal, es decir, al goce en tanto real. Ese goce real en tanto fuera del sentido lo conduce hacia su posterior enseñanza que se centra en torno del sinthome como real sin ley.

Intentare relacionar el goce femenino, (o goce suplementario u Otro goce) que Lacan ubica del lado femenino en las fórmulas de la sexuación en el Seminario 20, con el goce del sinthome del Seminario 23.

Ya que este sinthome, definido ya no como una formación del inconciente sino como un acontecimiento de cuerpo, en tanto cuerpo que goza a partir del S1 solo, es el dato primero en la última enseñanza de Lacan. El dato primero ya no es el Otro, es el síntoma en tanto Uno, en tanto goce del cuerpo propio. Esta última enseñanza se inicia en el momento en que la experiencia analítica verifica que "no hay relación sexual", ya que lo que se impone es el Uno del goce, Uno que Lacan formalizará como sinthome.

Ese punto de partida del "no hay relación sexual" se articula con el Otro goce –el femenino- que, en el Seminario 20, Lacan afirma que tiene que ver con el amor y que se manifiesta como estrago, en tanto la otra cara del amor.

Es decir, que la última enseñanza pone al goce en primer plano. Se trata del goce del cuerpo propio, del goce del cuerpo del Uno, que da cuenta de que el S1 produce un acontecimiento en el cuerpo: eso que produce en el cuerpo es ese goce que, a su vez, es causa de la realidad psíquica.

Pero decir que es causa, implica afirmar que ese goce no es la realidad psíquica ya que la realidad psíquica remite a lo que Lacan llamaba anteriormente fantasma, y que a esta altura de su enseñanza, ubica del lado de las ficciones, vale decir, del semblante, en la juntura que en el nudo borromeo se produce entre lo imaginario y lo simbólico: nos referimos al goce del sentido (jouissence) que, en tanto no es real, no es realmente un goce.

Como lo dice Miller, a nivel de lo real, el Otro del Otro del significante es el cuerpo y su goce, o sea, el conjunto del Uno y del cuerpo.

Es decir, que cuando se quita el tapón del objeto a en tanto semblante de ser, se desnuda un más allá, que es la existencia real del parlêtre.

La existencia que remite al Uno solo es la del sinthoma. El sinthoma como el modo en que cada uno goza del inconciente en tanto el inconciente lo determina. Pero no hablamos aca del inconciente de la cadena significante, sino del inconsciente como S1 solo que remite al inconsciente Real.

La experiencia analítica da testimonio de que hay 'solamente' dos tipos de goce que puede experimentar el parlêtre, y, por lo tanto, solo dos goces que pueden calificar a las posiciones sexuadas.

En relación a los dos goces, entonces, tenemos, por un lado, el de la localización por la vía del órgano fálico, que remite a la alternancia presencia/ausencia (detumescencia/menos phi, potencia) común a hombres y mujeres. Se trata del goce fálico que puede ser representado por un órgano simulacro, es decir, por cualquier objeto a (desde un pene hasta un hijo).

Por el otro, un goce que aparece más difuso, no localizable en un órgano, y por esto mismo, no sometido a la decadencia, susceptible de ser múltiple y envolvente. (Recuerden que 'envolvente' es un término que Lacan utiliza en "Ideas directrices", para hablar de ese Otro goce.)

Es decir, que más allá del goce fálico, hay un goce privado de órgano, un goce Otro que no se acomoda –vía la alienación- a lo simbólico, al significante.

Como lo afirma Miller, si las mujeres tienen un acceso más decidido a dicho goce es porque no padecen la angustia del propietario[1]. Y eso es lo que les posibilita, a algunas, no ceder sobre la exigencia amorosa.

Una mujer está siempre dispuesta a dar todo de sí misma pero ….a cambio de no dejar de pedir "más/encore". En cambio, un hombre se contentaría, al decir de Eric Laurent[2], sólo con "uno más".

Pero es fundamental en la época en que vivimos tener claro que este 'Otro goce' no es patrimonio de ningún género en particular, tal como nos lo mostró Lacan ya en 1972 cuando nos da como ejemplo de dicho goce al místico San Juan de la Cruz. Los místicos le permitieron a Lacan demostrar cómo, a todo llamado de amor razonable, es decir, menos apasionado, le responde del lado femenino el 'Otro goce' que pone en evidencia la no reconciliación con el significante, o lo que es lo mismo, la no existencia de la relación sexual, la no complementariedad.

Esto permite reconocer que el goce fálico, que se acomoda a lo simbólico, es el goce orientado por la per-versión, por la versión del padre o nombre del padre edípico, es decir, que es el goce perverso, que puede manifestarse en una mujer por la vía de la histeria y la de la maternidad. (Lacan dice que la perversión de las mujeres es la maternidad.) Es el goce fuera del cuerpo –en tanto cuerpo imaginario-, que se ubica en el nudo borromeo en la juntura entre lo simbólico y lo real.

Mientras que el goce femenino, el goce Otro o el suplementario al que Lacan se refiere en el Seminario 20, retorna en el Seminario sobre Joyce como el goce del Otro que no hay, goce del A barrado en tanto no hay Otro del Otro simbólico, goce que se ubica en el nudo entre real e imaginario, y por fuera de lo simbólico.

Es decir, que se trata de un goce fuera de la ley, que se aislará en la experiencia analítica por la vía del sinthoma como acontecimiento del cuerpo, de ese cuerpo recortado, traumatizado por el S1 solo.

Es por eso que lo estragante para un hijo no es una mala madre sino que se puede manifestar la 'verdadera mujer', toda del lado del goce femenino, en cualquier mujer, incluida la propia madre.

Y la verdadera mujer es terrible porque, en tanto es toda mujer, pierde la brújula fálica y está dispuesta a sacrificar todo lo patológico, o sea, todo lo fálico, incluidos sus hijos en tanto objetos a, en nombre de la exigencia de amor. Mientras que una mujer en posición femenina, sin dejar de estar en relación con el goce femenino, mantiene la otra pata en la brújula fálica, tal como lo demuestra Lacan en el teorema de la sexuación.

Por ejemplo, el caso de una verdadera mujer es ilustrado por Lacan con Medea, que mata a sus hijos en el momento de enterarse que ha perdido el amor de Jasón, o el de Madeleine que quema las cartas de Gide, que eran sus objetos más preciados,cuando piensa haber perdido su amor. A lo que podemos agregar el caso de Coral, la intérprete de la película "Profundo carmesí" de Arturo Ripstein, que deja a sus hijos en un asilo para seguir a un hombre.

Como lo apunta Laurent[3]las mujeres están en relación con el lugar en el que falta la última palabra sobre el amor: A barrado. Del lado masculino esta falta es obturada por el objeto del fantasma, mientras que del lado femenino llegará al final del análisis, o de un recorrido, el goce de la palabra, vale decir, el silencio. Sólo gozamos de la palabra cuando callamos. Si del lado femenino la palabra se calla, es porque en ese punto se goza de la palabra. Se trata de que en este punto de desfallecimiento de la palabra se manifiesta la propia esencia de la palabra. Es ahí donde una mujer recobra el silencio de un amor más digno que la charlatanería que describen sus ficciones.

 


NOTAS

  1. Miller, J.-A., El partenaire- síntoma, cap. Una repartición sexual Paidós, Bs. As., 2008.
  2. Laurent, E., Los dos sexos y el Otro goce, Enlaces 7, 2002.
  3. Laurent, E.: Un amor más digno.La Cause freudienne, N° 40.