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Docencia e Investigación

X Jornadas de La Red de la EOL
EnREDos de los femenino
Consecuencias en la práctica

Enredos de lo femenino
Leticia A. Acevedo

Cada Jornada es un acontecimiento, en ella se tejen nuevos lazos libidinales que hacen palpitar el psicoanálisis. Estoy en la EOL desde sus comienzos y tuve la oportunidad de trabajar en La RED desde su fundación en 1997. La Red está siempre en movimiento. En el 2008 se realizó un plan de reorganización y relanzamiento y este año continuamos con su puesta a punto trabajando en el anudamiento clínico político y epistémico que enlazan La EOL, el ICde BA, la RED y Pausa como sus dispositivos clínicos[1]. En esta línea hemos alentado a que el trabajo que se viene realizando en los grupos clínicos se formalice en Carteles, llevando la clínica de la RED al interior de la Escuela. En uno de esos carteles estoy investigando sobre el deseo del analista, es orientada por este concepto que escribo este trabajo.

Entre enRedos y desenRedos hemos construido un dispositivo que cara a la ciudad, no olvida que existe el prejuicio terapéutico. Nos abrimos advertidos, como nos señala Miller, que no salimos sino, dejamos entrar y está ahí nuestra oportunidad de jugar Judo con la época utilizando la fuerza, "de nuestro adversario", eso sí, hay que evitar que la máscara de la psicoterapia se nos quede pegada.

Un caso que me llegó por la RED[2] me enseñó sobre lo que implica el prejuicio terapéutico, a través del cual aprendí de mis enredos con lo femenino, cuando pude articular la posición del analista con el caso. El analista puede ocuparse de las "formas renovadas de la angustia" y compartir el malestar en la cultura contemporáneo. ¿Cómo responder?[3]

Todos corremos detrás de la verdad embrollándonos. Pero no todos sabemos que ésta es mentirosa. Lacan[4], comenta que hay manera de equilibrar el embrollo que causa correr detrás de ella si tenemos en perspectiva que estos enRedos producen satisfacción y que la satisfacción no se alcanza sino por el uso. El analista lacaniano formado por su uso en el anudamiento que implica su propio análisis, el control y el saber epistémico hace transmisión de su experiencia.

En la clínica ¿Cómo hacer para ubicar el deseo del sujeto? Me guía poner atención en cómo satisface el sujeto su modo de vivir la pulsión. Hay una frase de Lacan que se mantuvo enigmática para mí, porque dice que las mujeres analistas pueden ser de las peores o de las mejores ocasionalmente. Elisa Alvarenga apunta a situar lo específico de la mujer en la función analítica, dice que la autorización femenina en el psicoanálisis es de tal envergadura como que la mujer no existe y señala que el analista como la mujer solo existen uno por uno. Sabemos que en el psicoanálisis no se trata solo de hombres o mujeres sino del tratamiento de un goce más allá del falo pero no sin relación a él. El caso me enseñó acerca de la incidencia de un goce que escapa al significante y que tiene consecuencias clínicas propias tanto para el sujeto como para mí. El análisis del analista, el control y la formalización marcan la diferencia en la dirección de la cura.

M.H.Brousse nos enseña que en un análisis se puede pasar de la posición histérica a la posición femenina, devenir mujer, otra para sí misma, pero devenir analista es otra cuestión. La posición del analista es inédita en el sentido que se diferencia de una posición descante organizada por el imperio del falo y de una posición femenina que permanece organizada por el objeto"[5].

El caso del que les hablé me dejó en una encrucijada, haré referencia a la ganancia de saber que tuvo para mí cuando el prejuicio como uno de los síntomas del analista se liga con la demanda de ser perito de parte. Este prejuicio obturaba el qué hacer en el caso e impedía que ocupara la posición del analista.

En función de los detalles del caso decido, a modo de estrategia, organizar un "encuadre" que me permitió aceptar. Demandaba un perito de parte que avalara su "juicio" en todo sentido de la palabra. Entonces, acepté, a modo de inscripción simbólica "ser perito de parte" y realicé la inscripción en el juzgado correspondiente; esto produjo efectos, se pacificó.

En las entrevistas, un tratamiento sobre el goce fue posible. El sujeto se enfrentó a otro discurso, el del psicoanálisis. Poco a poco se produjo un viraje y comenzó a manifestar amor odio hacia mis intervenciones. Desistió del juicio penal y decidió ocuparse sobre los asuntos de su goce. Demanda análisis. Entró en análisis, fue su viraje en la cura. En cuanto a mi posición como analista desde ese saber no sabido que tiene quien se analiza me permití "lidiar" con mi prejuicio. ¡Cómo iba a aceptar ser perito de parte siendo analista! Atravesando el prejuicio, estableciendo una estrategia pude verificar lo que el deseo del analista causa tanto en el sujeto como en el practicante, cuando éste consiente a ser socio de la pulsión. Esta vez el prejuicio, como un trozo de real que obtura, hacía de velo al furor curandis. La ganancia de saber radica en verificar que en un análisis no es sólo de curar de lo que se trata, sino, de los efectos que se producen cuando el analista, advertido de su goce, se arriesga a ofrecer transferencia por goce. Trabajo en transferencia que permite la pulseada entre el deseo del analista y la pulsión.

 


NOTAS

  1. Todo esto para decir que hacer uso de la RED es parte de la formación del analista junto al análisis y a al control.
  2. Por la ley de salud mental está prohibido la publicación del caso.
  3. Laurent, Eric., Entrevista: "La nueva mirada social de Lacan", Revista Ñ, Febrero 2005.Enfatizo el pensamiento de Eric Laurent, quien en una entrevista, dice que el psicoanálisis no está en crisis sino en transformación.
  4. en el "Prefacio a la edición inglesa del seminario 11"
  5. Brousse, M.H., Posición sexual y fin de análisis, Tres Haches, Bs. As., 2003, p.74.