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Docencia e Investigación

X Jornadas de La Red de la EOL
EnREDos de los femenino
Consecuencias en la práctica

Misterios del cuerpo hablante
Ricardo Seldes

Hay algo que no es muy difícil producir y es hacer hablar a las estadísticas. En realidad uno puede hacerles decir cualquier cosa. No es mi gusto aunque confieso que es un recurso que he usado. Sólo traje un hecho incontestable acerca de PAUSA, la mayor cantidad de demandas se reciben por parte de mujeres. No hemos hecho nada especial al respecto. Hace algunos años una nota en la revista Vosotras trajo gente, mujeres. Pero atención, porque la cifra que al inicio rondaba el 75 % de las consultas ahora eso se ha nivelado hasta tener un 63%. Puede ser que las mujeres un poco más satisfechas o un poco más lúcidas en cuanto a su insatisfacción logren que sus hombres, maridos, novios, hijos, pidan tratamiento. También hemos recibido demandas de taxistas enviados por colegas. No extraigo consecuencias de facticidades tan disímiles. Hacer estadísticas es contar, algo que va del lado de lo masculino.

Les agradezco mucho la invitación para hablar y cuento en 10' no mas de 13'. Eso prometí.

Hablar es demandar y la demanda termina siendo siempre demanda de amor. ¿Cuál es el rasgo que diferencia a una de la otra? Es un detalle, como dicen los ingleses el diablo está en los detalles. Los divinos detalles, los diabólicos. La demanda de amor no hace del partenaire un semejante sino el gran Otro. La demanda de amor se dirige al Otro, a quien lo encarna y es de nada. El objeto nada con sus distintas declinaciones, se demanda el ser, el propio, el del otro, se demanda su ignorancia. En una palabra, se demanda la castración. Incluimos por supuesto a la transferencia analítica, es un lugar esencial en donde el nada está en causa. J-A. Miller dirá que el divino detalle cuando funciona en el estado amoroso, es un signo de la castración. Te amo por algo que está en ti y que es lo que te falta.

Más allá está la pulsión, que no habla, que es muda, es una demanda quizás que no se enuncia. Una demanda de goce, una voluntad más bien, por lo tanto una demanda ininterpretable. Lacan concluye al final de su enseñanza que hablar es gozar.

Yo estoy hablando en este momento y estoy jodiendo. Advertirán que estoy usando la traducción hispana del Seminario 7, del 20 cuando Lacan se refiere a la sublimación. Se goza hablando. Algo autoerótico. ¿Cómo incluir al Otro?

Es en esta breve arquitectura que voy armando sobre lo femenino, nos dicen que esta mesa, igual que la arquitectura primitiva, es algo organizado alrededor de un vacío.

Miller nos hizo divertir en el año 98 con el partenaire síntoma y el reparto sexual, "un reparto de tonterías" que armó para encontrar en los dichos de amor los grandes lugares comunes de la relación entre los sexos. Como es un poco de la psicología no admite la singularidad, pero seguimos el divertimento. Era muy necesario en el año 98.

Para intentar responder al tema que nos reúne, hablando, consideremos en primer lugar, sin un orden exhaustivo, la cuestión de la alteridad de la mujer, ser otra, incluso para ella misma. Si las mujeres encarnan la diferencia en cuanto tal, eso les deja un vacío esencial que las puede hacer muy dependientes del fantasma del hombre. Es un vacío que precisa del amor, y el amor precisa las palabras, aunque no se sepa lo que se quiere. Pero sí que se desean palabras.

A las mujeres, por lo general, les gusta hablar y que las escuchen por supuesto. También a los analistas, fuera del consultorio. Muchas mujeres son muy hábiles para detectar en el rostro de su partenaire la cara de "estoy pensando en otra cosa", algo bastante masculino por cierto. Los hombres llenan su vacío con pensamientos, más si son un poco obsesivos.

A las mujeres les encanta que los hombres les hablen. Un analizante muy apasionado por su mujer se quejaba de que antes de ir al dormitorio había que pasar por el living. Para charlar. Hasta que un día advirtió que podía agarrarla por sorpresa en el camino al living. Un modo de living que duró sólo un tiempo.

Quiero destacar un punto esencial en la repartición y que muestra la complicación de los seres parlantes, y es que el hombre, me refiero al lado izquierdo de las fórmulas, el hombre busca su objeto fetichista, silencioso y constante, inerte, un elemento capaz de encontrarse como Uno en los distintos partenaires. El objeto en la mujer es Otro, el objeto de la mujer es el Otro que no es Uno y que fundamentalmente es parlante. Puede ser por carta, puede ser por chat, whatsapp, to go… Del lado mujer lo que dice el Otro es tanto una exigencia que concierne al objeto, como una queja con respecto a lo que el Otro dice. O no dice. Pataditas debajo de la mesa o codazos disimulados suelen ser un signo de fastidio, que no dejan de constituirse en demanda de amor.

El fantasma vale para los dos sexos, pero tiene más peso para el hombre en tanto parecido a sí mismo y como ya dijimos, mudo. Para la mujer el Otro del deseo tiene que hablar para que el sujeto pueda reconocer su objeto.

Una mujer de cierta edad, casada por más de 35 años, se reencuentra con su primer novio y con él entabla una relación erótica. A diferencia de su marido, el amante es impotente por una operación de cáncer de próstata. A pesar de ello o quizás en parte por ello, obtiene su primer orgasmo con él. Y los siguientes. En un primer tiempo, la ignorancia y la sorpresa por este don caído del cielo, le impedían formular en el análisis, algo acerca de este goce alcanzado. Si bien las caricias, besos y juguetes son importantes, lo que exacerba su libido son las palabras de su amante. Él relata historias, una especie de cuenta cuentos chanchos, en esas historias habladas, muy habladas, ella encarna personajes degradados, por lo general prostituidos. El cuerpo es penetrado por las palabras.

Se constata que las zonas erógenas son como bocas abiertas al mundo.

Surge así el lazo estrecho entre el amor y la suposición de saber sobre el sexo atribuido a él. El análisis la condujo a descubrir que esas palabras tenían el carácter antitético pero continuo de las injurias que la madre le propinaba ante sus provocaciones. Las fantasías histéricas, escribía Freud a Fliess en la carta del 6/4/1897 se remontan a lo que los niños oyeron en épocas tempranas y sólo con posterioridad entendieron. Se trata de casi las mismas palabras, los insultos y las oídas en el acto sexual pero fue la significación del primer amor, el que no había sido consumado, el que le permitió vaciar el valor injuriante del estrago materno y permitirle entregarse a un hombre que vale por el Otro. Es por esta vuelta que esas palabras han despertado una satisfacción novedosa con un acontecimiento de cuerpo sorprendente para ella. Sin embargo una vieja demanda insatisfecha se hace oír en pulsaciones arrítmicas, lo que la lleva a desear concluir con esta relación con frecuencia bajo las formas sentidas de demandas de amor no correspondidas. Extraños devaneos cuya causa es aún, lo insoportable del goce alcanzado. Idas y vueltas, llenos y vacíos de la conjunción-disyunción del amor y el goce.

El amor es uno de los nombres del padre. Se puede pensar que lo imposible de la relación sexual encuentra su límite y que existe por el encuentro amoroso, en este caso signado por el goce que parece prescindir del órgano fálico. Lacan al final del Seminario 20 dirá que no hay sino encuentro, encuentros, en la pareja, de los síntomas, de los afectos, de todo cuanto en cada quien marca la huella de su exilio, no como sujeto sino como hablante, de su exilio de la relación sexual.

Comenzamos así a transitar uno de los misterios del cuerpo parlante: lo femenino que hace hablar.