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Docencia e Investigación

XII Jornadas de La Red de la EOL

MESA PLENARIA

Un horizonte de época
Verónica Carbone

Decimos que el psicoanálisis no hubiera existido sin el nacimiento de la ciencia, pero a su vez el psicoanálisis no lo es.

Las ciencias señalan dos tipos de saberes:

Primero: el Tácito, que se ejecuta sin pensar (leer, andar) son situaciones complejas a nivel neurológico que provienen de esa oscuridad que, como su nombre lo indica, es el reino del conocimiento tácito. Segundo: el Explícito. Es descriptivo (como resolver una ecuación matemática o armar un mueble). El software es un conjunto de instrucciones y se encuentra dentro de este saber. Por eso es que las computadoras u objetos tecnológicos sean excelentes en el saber explícito y su ejecución; pero fallan en el tácito.

Para estar a tono con la jornada, podríamos decir que "algo" en el instrumento tecnológico apasiona: se lo suele pensar como "automatización". El tiempo se vuelve inmediatamente virtual; produce confort; pero también llega a disminuir las responsabilidades. Va sustituyendo la otra realidad, (la del fantasma). De hecho, el saber televisivo se instituyó como antecedente: así, lo que no está en la televisión no existe, hoy si no está en internet ¿no existe? Luego, el concepto se fue tiñendo de rentabilidad, asociado a lo que sería la puesta en valor de la verdad con el índice de éxito o medición de audiencia, llamado raiting.

Por otro lado, Wikipedia llama a los lectores a colaborar con una especie de departamento llamado "desambiguación", que es la confesión tácita de un requisito inalcanzable para un sistema excluyentemente cuantitativo.

Porque, salvo que se elimine a la singularidad, no existe concepto que excluya del todo a lo ambiguo. Más, toda regla es tal porque admite la excepción.

Lo que aquí interesa, es que se trataría de la implantación en el mundo de una circunstancia opuesta y contradictoria con la existencia del psicoanálisis.

El psicoanálisis, en cambio, trabaja en esencia en la consideración de las vidas, dentro de una praxis teórica, que incluye esa singularidad. El psicoanálisis implica, como estructura, a la ambigüedad.

Llevado a un hipotético final, el pensamiento opuesto, algún día, podría llegar a creer que es posible descomponer y reducir a la más mínima expresión los síntomas de cada alteración psíquica y recetarle una determinada pastilla.

Enseguida, podríamos imaginar lo mismo para las vivencias, alegres, placenteras o tristes y desgraciadas. La panacea sería un botón para evitar la desgracia, podríamos llegar al botón de la felicidad. Incluso, se podría librar de guerras al mundo mediante la personalización de una luz particular para hacer el mal, o ejercer la venganza privada, o aliviar la envidia, pero con la limitación del número de enemigos. Ya lo escribió Aldous Huxley en el "Mundo Feliz" y Rodolfo Walsh lo desplegó en un cuento memorable, "La máquina del bien y del mal".

Dos pícaros estafadores le venden a una vieja que vivía rumiando de odio encerrada en un altillo, "La máquina del bien y del mal", por supuesto, era trucha pero tronaba infernalmente para el mal y lanzaba una melodía dulce para el bien. Antes de que llegaran a salir de la casa escucharon horrorizados los truenos metálicos y comprobaron que la vieja había logrado destruir a varios vecinos que, encerrada en su impotencia vitalicia, ella odió desde siempre.

Ahora, podríamos anticiparnos y llevar la hipótesis a su extremo. Desplegar la escena de un mundo totalmente computarizado. Es decir, viendo como irreversible la influencia de esta inteligencia artificial, en curso, sobre los valores y capacidades humanas.

Si ponemos la ciencia ficción entre paréntesis, deberíamos imaginamos que, finalmente la tecnología fue exitosa en tal misión, y entonces cabría preguntarnos ¿qué transformación, que reducción debería acaecer en el espíritu humano para que su Ser se acomodara, finalmente, a los requisitos tecnológicos?

Pero podríamos ir haciendo un inventario, siempre, inconcluso y como dijo Philipe Lasagna "se queda colgado de un futuro líquido".

El problema en un sentido de la automatización es poder decir "¡Basta!", aunque más no sea por un rato. Alfred Whitehead dijo: "La civilización avanza aumentando el número de operaciones importantes que pueden efectuarse sin pensar en ellas".

Se llega a tener tal confianza en la tecnología que el sujeto se desconecta de su medio circundante, la realidad puede llegar a ser virtual. A esto se le llama "complacencia automatizada". Inmediatamente lo asociamos con "complacencia somática" de Freud. La de la histeria, esa del SXIX, XX.

Me preguntaba ¿qué rasgos comunes podría haber entre estas complacencias? Un error en ambas, y es suponer una función al cuerpo que falla en su imaginario. Con una diferencia la computadora es un cuerpo herramienta por fuera del nuestro, llegando a funcionar muchas veces como su extensión, cuelga como modo del objeto a.

Debate archiconocido ¿buenas o malas? Que nos deja en un callejón sin salida.

Durante estos siglos en que el ser humano habita este mundo, se han inventado numerosas herramientas que modificaban la vida y señalaban un antes y después en la historia. Cada una de ellas, el fuego, la rueda, imprenta, TV etc. generó efectos no deseados además de su importancia. Tanto aquellos instrumentos como la tecnología han sido y son cruciales dentro del discurso capitalista, para saber producir y producir saber.

La tecnología se diferencia en que yendo más allá del límite, puede también auxiliar el cuerpo inutilizado, el caso de Hawking, y del diputado Jorge Rivas que hace emerger la voz de la máquina escribiendo con la mirada letra por letra.

Altera, también, la percepción del mundo, por ejemplo con el microscopio, pues la tecnociencia no es solamente lo informático. Abre nuevos caminos en el mundo y a su vez altera profundamente los lazos con él. Una herramienta depende de la destreza y responsabilidad del que la maneja, así ocurre con sus usos.

Pero cuanto más automatizado sea el artefacto, se vuelve más extraño e implacable, fuera de nuestro control e influencia y quedamos enredados en sus redes.

Hay una fe nueva puesta en la tecnología. Para el psicoanálisis no es lo mismo plantear esta problemática teniendo siempre en el horizonte que la relación con esos objetos, no es sin Otro.

Esos objetos pasan a cumplir una función en el campo pulsional, con diferente temporalidad. A los intervalos de la pulsión el objeto técnico responde hasta el final sin interrupción.

Esa es una paradoja, la inoculación de otro lenguaje que metamorfosea al mundo. El panóptico ya no es arquitectónico sino RED, entonces como dice JAM: "Es la máquina óptica universal de las concentraciones humanas" extendida en red. Lógica de poder que tiene una íntima relación con la biopolítica.

Se está produciendo una reconfiguración de los lazos sociales. Y es la incidencia que debe interesarnos, de ahí esta propuesta de trabajo. Observar los impasses que se producen en nuestra práctica con relación a la forma nueva que se impone.

Es un tiempo, aún, extraño en nuestra disciplina donde los conceptos clásicos tienen su incidencia pero son insuficientes para que la propuesta del psicoanálisis sea propicia a los parlantes.

En general hoy se degrada la subjetividad, se tiende al individualismo, suele haber un rechazo al saber o una facilitación en acceder a ese ya que hay un menoscabo de la llamada intelectualidad, a su vez, el saber sufre la deformación del mercado. El empuje es reducir la subjetividad a un cálculo estadístico y una verdad.

Se pone en evidencia el cambio e influencia de estos otros lenguajes por ejemplo en las redes y la pornografía. En el S XIX y XX el porno sex se manifestaba en Toulouse Lautrec y De Gass. El goce sexual autoerótico en el burdel o con bailarinas. La máquina y el aislamiento priman hoy, la reconfiguración de los lazos. Se está con la pantalla, y esta permite un supuesto infinito, es el cuerpo el que pone el Stop.

Este nuevo lenguaje, el de la tecnología, es una herramienta a veces amable, otras no. Sí sabemos que tenemos que incluirlas siempre en el horizonte de que hay allí un sujeto con una relación singular con la máquina y su red, que despierta la pasión haciendo de ese un palêtre, que apostará, o no, a un saber no automatizado, ni complaciente, sino singularmente propio del sinthome.

Lacan menciona que la entrada del significante en lo real, y cómo de ahí surge un sujeto, y cómo el sujeto de la enunciación entra en el enunciado es un problema con el que tenemos que vérnosla en la vida y en nuestra práctica. Esa irrupción provoca: deseo, goce, afectos, angustia, pasiones.

Pasiones del ser, de su falta: amor, odio, ignorancia. Pasiones del alma: tristeza, gay savoir, culpa, vergüenza, felicidad, aburrimiento, mal humor, que en su curso Extimidad JAM, las llama Pasiones del objeto a, del cuerpo.

Pasiones todas que se encuentran enganchadas al saber. Un saber que en esta época tiene un estatuto diferente. A partir del mundo tecnológico ya no está depositado en los adultos sino que se encuentra disponible en un almacenamiento maquinal, "no es más un objeto del Otro" como dice Miller. Es la incidencia de ese lenguaje digital el que hace que en el mundo se prolongue lo posible, de manera exponencial.

El psicoanálisis ante estas perspectivas e instilación de otros lenguajes nos conmina a construir un abordaje del parlêtre que requiere de nuestra inventiva; no sin antes previa lectura de la contemporaneidad lo que nos permitirá un horizonte que sabemos es el de la experiencia de un real.