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Notas de actualidad

Notas acerca del "fenómeno psicosomático"
Vera Gorali

Es frecuente escuchar, especialmente de boca del médico clínico, que una afección es "psicosomática" cuando no tiene una causa orgánica precisa y no se cura con la batería tradicional de medicamentos. A veces se la adjudican al stress, a estados de ansiedad provocados por una vivencia traumática o al vértigo de la vida cotidiana, como si fuera posible evitarlos con un poco de buena voluntad. En el mejor de los casos se la confunde con un síntoma psicológico y se la imputa a la represión de un afecto.

Pero según nuestra experiencia ninguna de estas explicaciones se sostiene. Por empezar lo llamamos Fenómeno Psicosomático para diferenciarlo del síntoma analítico. Este sustituye una idea intolerable para el sujeto por una manifestación en el cuerpo que no lo afecta en su materialidad; en cambio el fenómeno psicosomático parece ser la recurrencia de una marca histórica que no cesa de insistir en el tejido mismo del cuerpo propio.

Los ejemplos más clásicos como la psoriasis, el asma o el lupus eritematoso aparecen y desaparecen cíclicamente, alternando períodos de emergencia aguda con momentos en que el trastorno se apacigua. Pero de pronto vuelve sin previo aviso ni explicación suscitando preguntas sobre el cómo y el por qué y sobre todo ¿qué hacer cuando esto ocurre?

Nuestra hipótesis es que se trata de un hecho de discurso, al que llamamos un significante privilegiado, de alto impacto para el sujeto Por un lado produce un sentido fijo, único, coagulado. Como cuando alguien grita ¡Socorro!; al escucharlo no nos preguntamos si es un chiste o una manera de hablar, sino que interpretamos de inmediato que alguien corre peligro. Por otra parte, simultáneamente el sujeto en cuestión experimenta una fuerte sensación corporal, mezcla de satisfacción y displacer o dolor, deslocalizada de los sitios habituales que llamamos zonas pulsionales, como por ejemplo la boca, lugar de la satisfacción oral. Este goce asociado a la satisfacción fijada es lo que retorna lastimando la estructura anatómica al subvertir el funcionamiento habitual de ciertos órganos como la piel o los bronquios.

La buena noticia es que si, efectivamente, la causa es un hecho de palabra, también la cura puede efectuarse por medio de la palabra. Pero ¡atención! como no es un síntoma no se trata de descifrar el sentido reprimido, sino más bien de dialectizar el sentido congelado para que un nuevo sentido pueda emerger dándole al sujeto la posibilidad de otra satisfacción, diferente de la afección psicosomática.